El propio sacerdote católico Corrado Balducci reconoce que sólo resulta verdadero uno de cada mil casos de los que se hace cargo la Iglesia católica. No obstante, reconoce haber presenciado casos en que los posesos “emitían gritos que no eran humanos, vomitaban objetos y animales que nunca habían tragado, demostraban una fuerza que ni diez personas lograban contener, volaban por la habitación, aumentaban de repente hasta ocho veces de peso o rugían como energúmenos cuando se les acercaba algún símbolo sagrado”
En principio, parecería que la Iglesia sugiere a los exorcistas desconfiar primero de una intervención diabólica y derivan estos casos a los psiquiatras y muchos de ellos, después de descartar que no se trata de algún trastorno mental, los vuelven a remitir al ámbito religioso.
Lo cierto es que la práctica psiquiátrica tiene respuesta para esto. La posesión demoniaca es reconocida como un diagnóstico psiquiátrico por el DSM-IV y el ICD-10 como el desórden de trance o posesión o síndrome demonopático de doble personalidad.
Dejando de lado otras consideraciones al ámbito de la discusión teológica, algo que no es verificable en la exploración médica, los síntomas que determinan este diagnóstico son aquellos por los que los pacientes sufren una alteración temporal de la conciencia o de la identidad habitual siendo esta suplantada por otra. Llos agentes que realizan la posesión suelen ser seres sobrenaturales, dioses o demonios, que exigen la realización de determinados actos al poseído. Los estados de posesión son seguidos de amnesia. Otros estados de trance tienen un carácter agudo y cursan con parálisis, aumento de la fuerza muscular o del umbral doloroso.
Los grandes ataques que sufren, en los que se revuelcan por los suelos, pueden ser ataques epilépticos y en ellos el sujeto pierde la conciencia. Cuando el poseso pierde su personalidad transformándose en un presunto Ente demoníaco, se trata de una crisis histérica. Grita, se contrae, hace obscenidades, injuria y habla un lenguaje que no se puede entender.
En las neurosis histéricas, el sujeto puede ser actor y espectador del drama. Lo que sucede, la escena, se gesta en el interior oculto de su mente. Se produce una disociación y el sujeto vive, literalmente, dos personalidades. Cuanto hace el presunto poseso, auténtico neurótico, corresponde a una constitución psicosomática definida.
Es cierto que existen casos en los que el psiquiatra autoriza un exorcismo pero no es debido a creencias religiosas. El síndrome puede tener su origen en la toma de estupefacientes, como el LSD, o tambien en la propia sugestión del paciente.
En este último caso es en el que, a veces, se autorizan los exorcismos como elemento para revertir esta sugestión, en un paciente sugestionable que cree que no se trata de una enfermedad si no de una verdadera posesión.
La fórmula de exorcismo no la menciono Cristo, ni dijo que se tuviera que decir en latín, inglés o arameo. Es una fórmula que alguien inventó en 1614 y que debe servir para exorcisar a todos los humanos sea cual sea la religión en la que creen o profesan y los demonios a los que temen.
Así, el sacerdote se dirige al paciente y le dice en latín: “Exorciso te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi. Eradicare et effugare ab hoc plasmata Dei. Ipse tibi imperat, qui te de supernis coelorum in inferiora terrae demermergi praecipit” (Yo te exorcizo, espíritu inmundo, toda incursión del adversario, todo espectro, toda legión, en el nombre de Nuestro Señor Jesucristo. Despréndete y huye de esta criatura de Dios. Te lo ordena aquel que te hizo precipitar desde lo alto de los cielos a las profundidades de la tierra)
Con esta frase, se supone que el espíritu maligno lo pasa francamente mal y decide marcharse por las buenas, como en toda pseudociencia como es la parapsicología, con un nivel de eficacia de a veces si y otras no.
No hay comentarios:
Publicar un comentario